lunes, 23 de noviembre de 2015

El escapulario


Desperté sin motivo, en la oscuridad de la noche. Me siento desorientado y perdido. A mi alrededor hay restos de lo que parece una aldea pequeña, envuelta con cenizas, humo y el más profundo de los silencios.

Me levanto y empiezo a rondar entre estos vestigios, en la fría oscuridad, donde sólo el brillo de la luna y la soledad son  mis compañeras. Pero lo que más amo es mi collar, un escapulario el cual tiene dos fotos, una de la dama elegante y del otro un hombre,  de expresión facial rara, como si escondiera algo. Me gusta llamar al escapulario María, no encuentro un motivo para tenerlo y amarlo, pero mis emociones me dominan, es más fuerte que yo. Sólo que atrás dice “para Mario”. Supongo que eso me hace ladrón.
De repente se rompe el silencio, con la única cosa viva en este lugar. Un gato negro. Intento acercarme pero él se me escapa. Fue más fuerte que yo, salí a correrlo, y como si fuera por arte de magia, el gato desaparece sobre un charco de agua, agotado por la persecución me arrodillo frente al charco. Al mirar el reflejo sentí el frío más intenso de mi vida, un escalofrío de pie a cabeza. Ese rostro reflejado era el mismo de la foto del escapulario.
En ese momento entendí todo. Fuertes gritos y llantos empezaron a sonar en mi cabeza, una sensación de calor intenso. Comprendí todo, el humo, las cenizas, las fotos, si…definitivamente era yo… con mi esposa, o la que alguna vez fue mi esposa, sólo ella y yo sabríamos el valor de ese escapulario. Luego sólo queda oscuridad.

                                                                                                                                     Martín Tabares        

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