Desperté sin motivo, en la oscuridad de la noche. Me siento
desorientado y perdido. A mi alrededor hay restos de lo que parece una aldea pequeña,
envuelta con cenizas, humo y el más profundo de los silencios.
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De repente se rompe el silencio, con la única cosa viva en
este lugar. Un gato negro. Intento acercarme pero él se me escapa. Fue más
fuerte que yo, salí a correrlo, y como si fuera por arte de magia, el gato
desaparece sobre un charco de agua, agotado por la persecución me arrodillo
frente al charco. Al mirar el reflejo sentí el frío más intenso de mi vida, un
escalofrío de pie a cabeza. Ese rostro reflejado era el mismo de la foto del
escapulario.
En ese momento entendí todo. Fuertes gritos y llantos
empezaron a sonar en mi cabeza, una sensación de calor intenso. Comprendí todo,
el humo, las cenizas, las fotos, si…definitivamente era yo… con mi esposa, o la
que alguna vez fue mi esposa, sólo ella y yo sabríamos el valor de ese escapulario.
Luego sólo queda oscuridad.
Martín Tabares

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